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jueves, 30 de julio de 2009

#134

El tiempo pasa sin que haya forma de evitarlo. Algunas veces, sin embargo, el tiempo se detiene por un instante y lo vuelve eterno. Otras veces, recuerdos de diversos momentos se mezclan en una nebulosa en la que el pasado y el presente se vuelven uno, una espiral que me atrapa sin que pueda hacer nada.

La llovizna de una noche de invierno es de pronto un mediodía viendo el cielo azul bajo la sombra de un cerezo, me parece que era otoño entonces. El olor del pan recién salido del horno, las luces de los autos, una discusión a medias en una esquina. Fantasmas que empiezan a agitarse atraídos por la distorsión del tiempo en una noche de invierno que de pronto se convierte en aquel momento que debería ser lejano pero no lo es. Me detengo y aprieto las manos en los bolsillos, tratando de salir de este caos y volver a la relativa normalidad del presente. La calle es ahora cuatro años más joven y la observo desde la ventanilla de un bus, el sabor de un cigarrillo en mis labios después de una tarde en el cine viendo una película que no puedo recordar. Doy un paso y todo se desvanece. Al viento trae frías gotas de lluvia que me ayudan a volver. El aire huele a pan recién salido del horno. Las luces de los autos en la avenida tratan de alejar las sombras de una noche de invierno en Lima. Algunas veces el tiempo es sólo en una gran tontería.

domingo, 26 de julio de 2009

#133

Camino bajo la oscura sombra de los árboles en una noche de invierno con una ligera llovizna. Me gusta el silencio de esta calle. Me ayuda a despejarme antes de emprender el viaje de regreso a casa. Llego a la avenida, y es como volver de pronto a la realidad. El ruido. Las luces. La gente. Una silueta en la distancia. Una sombra que resulta familiar, aunque ha estado lejos de mi mundo por un buen tiempo. Aún no me ha visto. Podría cruzar la avenida, pero eso atraería su atención. Podría pasar de largo, fingir que no he notado su presencia. Ya es muy tarde. Sabe que estoy ahí, y sabe que la he visto. Me saluda mientras pasa a mi lado, y eso de alguna forma resulta reconfortante por un momento. Sigue su camino y yo sigo el mío. No puedo evitar la sensación de que esta sombra anuncia la presencia de un fantasma del que creí haberme deshecho hace un par de años. Al parecer algunos fantasmas simplemente se resisten a desaparecer. O será quizás que mis fantasmas nunca desaparecen del todo sino que pasan a un segundo plano mientras esperan una oportunidad para volver a aparecer. Después de todo, parte de su esencia está ligada a algunos de esos buenos momentos. Siento la llovizna en mi rostro. Observo a mi alrededor y enciendo un cigarrillo. El humo llena mis pulmones, se arremolina a mi alrededor y luego se desvanece agitado por una fría ráfaga de viento que me resulta reconfortante. Un pequeño hechizo para seguir cuerdo.

miércoles, 20 de mayo de 2009

#108

Subo a la azotea de la casa para contemplar la ciudad y respirar un poco antes de ir a dormir. No es algo que haga con frecuencia, pero de pronto sentí ganas de subir esta noche. Observo la gruesa línea de nubes en el horizonte, apenas visible por encima de la densa neblina que empieza a cubrir la ciudad. El viento arremolina el banco de neblina a mi alrededor y me envuelve, trayendo nuevamente los fantasmas que creí haber desterrado hace una semana. Había olvidado por completo que aún quedaba magia remanente aquí arriba, lejos del mundo. Es curioso. Debería haber también algo de eso en el resto de la casa, sobre todo en el estudio, pero no lo he sentido hasta ahora. Claro que es probable que el hecho de pasar mucho tiempo ahí haya terminado por convertir esa magia remanente en algo tan familiar que ya no trae esos fantasmas. O será que de alguna forma espero que esa energía no desaparezca y la acepto y paso por alto los fantasmas que habitan allí. Un par de cigarrillos, algo de whiskey y unas horas de sueño deberían ser un buen hechizo para alejarlos a todos de una buena vez. Tengo que ir a trabajar dentro de siete horas, así que tengo tiempo suficiente para hacerlo y continuar con mi vida como si nada hubiese pasado. O al menos sin dar señales obvias de que algo realmente sucedió durante la noche. Una buena dosis de café por la mañana completará el hechizo.

lunes, 18 de mayo de 2009

#106

El mundo sigue dando vueltas sin que nos demos cuenta. Mientras por aquí las cosas se iban al cuerno y yo me veía obligado a enfrentar mis fantasmas en la neblina nocturna, a miles de kilómetros de distancia una de las personas más sinceras que he conocido daba a luz a su primer hijo.

Es extraña la forma en que las cosas cambian con el paso del tiempo, la forma en que las distancias se hacen cada vez más grandes o más cortas pero no dejan de ser distancias al fin y al cabo. Extraña la forma en que las personas pueden seguir estando cerca a pesar de que estén al otro lado del mundo. Extraña también la forma en que las personas pueden alejarse aunque estén cerca una de la otra. Hay algo de mágico en todo eso. Es como la magia de los recuerdos en la neblina y las brumas del sueño, una suerte de magia que proviene de la energía que queda impregnada en nosotros mismos a medida que pasamos tiempo con personas que son importantes para nosotros de una forma un otra. Algunas veces las energías se impregnan tanto que podemos sentir indicios de las cosas que afectan a esas otras personas. Hubo un tiempo en que podía sentir los cambios en su energía, pero ahora estuve tan concentrado en mis problemas y mis fantasmas que este cambio importante pasó desapercibido. El mundo ha cambiado, pero algunas cosas seguirán siendo las mismas para siempre.

Felicidades Joha. Bienvenido, Noah Robert.

martes, 5 de mayo de 2009

#101

Bajo del bus y me pongo la capucha sobre la cabeza para protegerme de las oleadas de frío que por momentos cruzan la noche como fantasmas. Nuevamente la sensación extraña de la ausencia de magia que en realidad es sólo la indicación de la magia remanente en esa esquina. Esta noche no hay neblina, pero eso no significa que vaya a ser una noche tranquila. Detrás de mi empieza a crecer la visión que en un instante me rodea, apenas una brisa para aquellos que pasan a mi lado. Las veo claramente. Líneas que se dibujan sobre la realidad para llevarme a esos días ahora perdidos para siempre junto con el olor de una noche de verano pasada la medianoche. Me acomodo la capucha y meto las manos en los bolsillos. Cierro los ojos y empiezo a caminar entre los recuerdos que se superponen a la realidad. Un gato me observa desde el callejón que comparte con un perro. Lo veo mover las orejas y pasear los ojos sobre mí y a mi alrededor, luego se echa sobre sus patas para cubrirse del frío. El puede verlo también, después de todo los gatos pueden ver cosas que los humanos no podemos. Sigo mi camino sin prestarle más atención. El olor de la comida llena mis pulmones pero no despeja, sino que extiende aún más la bruma sobrenatural de los recuerdos. No pensé que esta magia residual pudiera afectarme. No es la primera vez que me equivoco, y ya he pagado por esos errores. Por ahora necesito un cigarrillo.

lunes, 4 de mayo de 2009

#100

Esta noche camino en medio de una ligera neblina, pero no hay magia a mi alrededor. Al menos no es la misma magia que solía encontrar en noches como esta. Esta vez la energía arcana no me da la bienvenida, sino que parece más bien el eco de una risa burlona ante una herida abierta. Algo se agita en la niebla a mi lado. Una visión de tiempos pasados. Magia ahora convertida en un recuerdo que quedó atrapado para siempre en esta esquina. La Luna creciente me observa curiosa, oculta tras el velo de nubes. ¿Será eso una sonrisa o sólo la sombra de otro recuerdo que aún flota en el aire y se agita en la energía arcana de la neblina? Me invaden recuerdos impregnados del olor de una noche de verano pasada la medianoche. Busco en mis bolsillos un cigarrillo que pueda disipar ese olor, pero perdí mi última cajetilla el mismo día que perdí mi casaca favorita hace tres semanas. Estupideces que ahora regresan para hacer aún más incómoda una caminata que ya de por sí resulta incómoda por la somnolencia que he arrastrado todo el día. De pronto llega a mi mente una canción de The Pogues y sin darme cuenta empiezo a tararearla mientras meto las manos en los bolsillos y pienso que sólo falta el cuadro de narración para que esta noche parezca sacada de un cómic de Hellblazer. Al menos la canción no es Rainy Night In Soho. Tal vez sea hora de empezar a dormir un poco más.

miércoles, 29 de abril de 2009

#95

El cielo se abre oscuro y nublado, una noche sin viento ni estrellas, como si fuese la amenaza constante de una lluvia que nunca llega a desatarse. A mi alrededor la gente no parece notarlo. Quizás sea algo que sólo me afecta a mi, quizás algún evento reciente está produciendo este efecto sobre mi. Quizás sea sólo mi imaginación.

Sea como sea, no se ve una sola estrella en el cielo, pero la luna se deja ver entre las nubes, como si fuera un sonrisa en medio de la noche, con un leve halo alrededor que le da una cierta belleza espectral. La voz en el teléfono es dulce y trae calma y una siempre apreciada sensación de bienestar, pero desaparece muy pronto. Camino por las calles de una ciudad que aparece nueva ante mis ojos esta noche. Escucho las voces de dos nuevos amigos, y una parte de mi responde de forma casi involuntaria, mientras el resto de mi sigue recorriendo paso a paso cada uno de los diversos caminos a casa que he descubierto con el tiempo. En mi mente aparecen cada una de las hojas de cada árbol, las rajaduras de la vereda, los ladrillos de las paredes, las tejas de los techos, las líneas en el asfalto, las señales de tránsito, los postes de luz, la posición de la luna en cada una de esas noches. Me embarga de pronto una sensación de vacío y me doy cuenta de que debo haberme despedido de mis amigos hace varios minutos y que ahora estoy solo, de pie frente a un parque, esperando el bus. Esta será una noche extraña.

jueves, 16 de abril de 2009

#84

La carretera es un mundo distinto cuando hay neblina. Los faros de los buses ven como antorchas difuminadas en medio de la noche brumosa. Estelas rojas como borrones pasan al lado de mi ventana mientras trato de adivinar a lo lejos el horizonte, las estrellas y la luna ahora menguante. Es como estar dentro de una nube, pero a la vez es distinto. Hay una cierta magia en recorrer una carretera cubierta por un banco de neblina, incluso cuando esa carretera está ubicada al borde de un abismo frente al mar. No puedo evitar la sensación de que entre la neblina puede aparecer de pronto la silueta de una pareja de hadas jugando y riendo en la oscuridad interrumpida por las luces de los camiones y los buses. O quizás algún fantasma perdido en busca del destino que no pudo cumplir en vida. Tengo la sensación de que incluso sería posible escuchar el canto de alguna sirena si uno presta atención en medio del rumor de las olas y el ronquido de los motores, o que de pronto la luna va a aparecer entre la niebla y su breve luz va a iluminar algún pequeño duende que trata de cruzar la carretera.

Tal vez sea sólo que estoy soñando despierto, o que desperté a medias mientras volvía a casa y me di cuenta que estábamos en medio de un banco de neblina y mi imaginación empezó a volar. Sea como sea, de todas formas, sentirse en un mundo distinto y mágico es una sensación agradable.

sábado, 11 de abril de 2009

#79

Subo por la escalera mientras señalo algunos detalles de la casa que ella aún no ha visto. El jardín de mamá nos recibe al final de la escalera, y por encima del muro se pueden ver los primeros trazos de un atardecer dorado y naranja. En el horizonte, los cerros dejan ver sus siluetas azules y grises. Los rastros de musgo y líquenes en los muros, las antenas de televisión, los gatos que viven en el techo de al lado, un árbol descuidado en el callejón de atrás, la estructura de madera del mercado y sus techos de calaminas viejas y agujereadas.

El atardecer se ve distinto desde la azotea de la casa. El cielo tiene una exquisita tonalidad celeste con delgados trazos grises de nubes de lluvia barridas por un suave viento fresco. De pronto el horizonte se torna naranja. Una nube se enciende en fucsia, otra en púrpura y otra más resplandece como un charco de plata esparcido por encima de las delgadas nubes de lluvia que ahora toman un tinte índigo. Los cerros se ven como fantasmas de colosos lejanos entre la niebla que empieza a descender a lo lejos. Por un instante quisiera tener a la mano mi cámara, pero al mismo tiempo me doy cuenta de sería casi imposible captar todo lo que desfila ante mis sentidos. Se filtra de pronto el aroma de una noche de verano pasada la medianoche, algo que quedará en mí para siempre y que ahora está inevitablemente asociado también a uno de los atardeceres más hermosos que he visto sobre la ciudad. Quizás el tiempo traiga consigo nuevos recuerdos, pero hasta entonces este será mi favorito.

jueves, 9 de abril de 2009

#77

El olor del café me da la bienvenida a un nuevo día, y entre las brumas de una mañana definitivamente otoñal me parece ver la figura de un hada solitaria que se despereza al borde de una maceta. Supongo que si no hay un jardín, las macetas son bienvenidas como refugio y hogar. Tal vez le vendría bien tener un caracol que le haga compañía mientras espera la visita de otras hadas o algunas mariposas. ¿Se alejará si me acerco a compartir mi café con ella? Nunca he pensado en si las hadas tomarán café. Sé que toman té (al menos algunas), y que lo prefieren con miel, pero no sé si también tomarán café. Me viene de pronto la imagen de una pareja de hadas tomando café sentadas sobre una hoja mientras ven las nubes pasar y los humanos a su alrededor ni siquiera se dan cuenta que están ahí.

Afuera se desata una nutrida lluvia de gotas finas, y de pronto tengo la oportunidad de ver la lluvia entre los hilos de vapor de la taza de café. Las hadas bailan en la lluvia y juegan en la tierra húmeda de la plaza que sí tiene caracoles que las acompañen. Abro la ventana y una fresca brisa me acaricia el rostro, una caricia arcana que trata de tentarme una vez más. Esta será la segunda noche de plenilunio y seguramente vendrá con una ligera llovizna o algo de neblina que permita a las hadas seguir insinuándose al límite de la visión de los humanos. Finalmente es otoño.

jueves, 5 de marzo de 2009

#49

Empezando más temprano el día de hoy, aunque sea media hora más temprano. Nada nuevo a esta hora de la mañana, salvo el hecho de que el sol ya salió con ganas y está empezando a calentar como si no hubiera mañana… si sigue calentando, quizás no lo haya. En fin, el verano ya se termina y el invierno se acerca más y más, con casacas y capuchas y mañanas frías tomando café frente a la ventana. Muchas personas piensan que el invierno es triste porque es sinónimo de lluvias, pero no hay nada de malo en una tarde de lluvia, o tomar un café viendo llover al otro lado de la ventana, o caminar bajo la lluvia con la capucha sobre la cabeza y ver los reflejos de las luces en los charcos del piso, o la forma en que la luz se difumina en la niebla. Hay magia en eso.

Hace unos días me hicieron notar que de un tiempo a esta parte he venido hablando bastante de magia en mis posteos. Realmente no me había dado cuenta, pero es cierto. Tal vez sea la influencia de haber estado leyendo y releyendo comics de Hellblazer, o tal vez sea sólo que he estado dejando volar un poco mi imaginación al momento de describir cosas de todos los días. Lo que sí sé con total seguridad es que considero que la magia es una parte importante no sólo de mi vida, sino del mundo que nos rodea, aunque no nos demos cuenta. Sólo es cuestión de prestar atención.

lunes, 16 de febrero de 2009

#33

Hay neblina afuera. La ciudad tiene un aspecto distinto cuando está cubierta de neblina, un cierto aire místico recorriendo las calles en una noche de verano que se va tornando algo fría después de haber estado fresca. Diminutas gotas de lluvia bailan en el aire a mi alrededor, una suerte de ritual en un mundo arcano que no se deja ver de buenas a primeras. Incluso ahora no puedo verlo, aunque siento algo de su magia a mi alrededor, entre las oleadas de neblina, el viento fresco y el cielo sin estrellas. Las hadas deben estar ahí, bailando entre las plantas húmedas en los jardines, riendo traviesas mientras los humanos pasamos junto a ellas sin darnos cuenta de su presencia, ocupados con nuestro propio mundo de preocupaciones y carente de magia. Al menos esta noche puedo sentir esa magia una vez más.

La ciudad susurra mientras camino por las calles ligeramente humedecidas por la neblina. de esta noche arcana. La ciudad sabe que su existencia es una de las razones por las que las hadas ya no se dejan ver. También sabe que no es enteramente su culpa, sino de los humanos que prefieren ver cemento y césped donde las hadas ven llanuras y bosques. Observo en silencio la luz amarillenta de un poste, una polilla revoloteando alrededor de la lámpara se detiene de pronto y siento que alguien me sonríe desde alguna parte entre las macetas de un jardín oculto a la sombra de un muro alto. Las hadas me dan la bienvenida. Algún día me dejaran verlas.

domingo, 8 de febrero de 2009

#26

El tiempo pasa sin que me de cuenta y de pronto ya son más de las siete de la noche. El día se ha ido entre la visita de un amigo, poner en orden algunas cosas en el estudio y comprar un par de zapatillas que se convertirán en mis nuevas compañeras de caminata. Pronto pasarán los días también, y antes de darme cuenta seré ya un año más viejo y muchas cosas habrán quedado atrás en el tiempo mientras otras nuevas seguirán apareciendo en el futuro cada vez más cercano. Algunas veces me pregunto si el tiempo pasaría de la misma forma cuando estaba trabajando en un horario definido. Todo se veía distinto entonces. Sé que el tiempo siempre transcurre a la misma velocidad, pero me refiero a la velocidad relativa que tiene para cada uno. Nuestra magia inherente nos hace sentir de formas distintas el paso del tiempo. Podemos ver cómo una hora pasa como si se no se tratase más que de un par de segundos, y cómo un segundo se puede convertir en una hora. Instantes eternos, como dice la canción de Leusemia.

La noche es fresca, igual que las noches anteriores. Parece que el verano se apiada de nosotros después de las seis de la tarde. Escucho el rumor de la calle filtrándose por la ventana junto con un lejano olor a comida. Tal vez sea un buen momento para salir a dar una vuelta y ver qué hay de nuevo por los alrededores. Quizás las hadas se dejen ver esta vez.

viernes, 6 de febrero de 2009

#24

Otro día de verano con un calor infernal, y de alguna forma me estoy acostumbrando, lo que no significa que me guste. Al menos hoy estamos a un grado menos que ayer. El ventilador del estudio se ha vuelto uno de mis mejores amigos, aunque no conversa. Claro que si pudiera hablar, es posible que se quejase del calor y del hecho de estar funcionando casi diez horas diarias, así que es mejor que no pueda hablar.

Por si alguien se ha preguntado por qué no escribí nada ayer, la razón es bastante simple: cometí un error. En realidad cometí varios. El primero fue acostarme muy tarde, teniendo en cuenta que iba a pasar el día fuera de casa debía haberme acostado temprano para levantarme temprano y poder escribir algo antes de salir. El segundo error fue no haber llevado conmigo el USB drive en el que tengo una copia del Open Office Portable que puedo usar para postear casi desde cualquier lugar. El tercer error fue no haberle pedido a Fani que me preste su PC por quince minutos para poder escribir algo en Word y postearlo antes de medianoche. Así que en resumen fueron una serie de errores que consiguieron que finalmente rompa el ritmo y pierda un posteo. Como castigo autoimpuesto (y castigo para ustedes también por seguirme), ahora tengo que escribir un posteo de quinientas palabras. Si más adelante vuelvo a perder otro posteo, haré lo mismo, es decir, poner un posteo equivalente al posteo perdido más el posteo del día. Tengo que hacerlo si pretendo mantener un ritmo regular y acostumbrarme a escribir cada día.

Como mencioné anteriormente, lo bueno de estos ejercicios es que ahora las ideas fluyen más rápido cuando empiezo a escribir. Por momentos el calor me interrumpe porque se puede volver insoportable, pero el ventilador y el agua helada ayudan bastante con eso. Teniendo en cuenta el calor que está haciendo, me pregunto cómo será el invierno este año. ¿Caerá nieve este año? La verdad no creo que llegue a nevar, pero es posible que este año haga más frío que el anterior y haya más lluvias en invierno, lo cual me alegra porque me gusta la lluvia y abrigarme. Nada como una taza de café mientras veo llover sobre Huaral. Nada como caminar bajo la lluvia con las gotas de lluvia cayendo en mi rostro y sentir el olor de la tierra húmeda trayendo consigo recuerdos de tiempos lejanos y llenos de magia. La luna insinuándose detrás de las nubes en una noche púrpura. Las luces de la calle reflejadas en los charcos del piso, dibujando siluetas extrañas y misteriosas. Una ola de calor me trae de regreso a este verano infernal con temperaturas que ya bordean los treinta grados centígrados. El termómetro puede indicar veintiséis, pero la humedad hace que el aire se sienta como si fueran treinta grados. Hora de bajar a comer con la familia. Hora de encender el ventilador del comedor para que comer no sea una tortura.

sábado, 31 de enero de 2009

#19

El mundo a mi alrededor se siente extraño hoy. No puedo definir exactamente qué es lo extraño, aunque algo resulta vagamente familiar dentro de la extrañeza. El aire se siente un poco pesado, pero eso es porque llovió hace un rato y parece que va seguir lloviendo en un rato más. El aire se siente húmedo ahora, con un par de gotas errantes traídas por la misma brisa que bate los árboles. Hay algo más en el aire. Se siente si fuera como una leve carga estática en la piel. Energía que viene con la lluvia, flotando a nuestro alrededor sin que nos demos cuenta. Será tal vez que no queremos darnos cuenta. Por un momento el viento fresco corta el aire pesado trayendo un olor lejano de césped fresco, corteza de árbol y hojas mojadas agitadas por la brisa y el aleteo de algún ave que busca refugio en el nido.Las nubes de lluvia se ven ligeramente azules. La luna creciente se deja adivinar detrás de las nubes, aunque no se dejará ver al menos en un par de horas, cuando haya pasado ya la lluvia y las estrellas se hayan dejado ver. El olor de la tierra mojada llega con recuerdos del jardín de la abuela, el rosal, las matas de hierba luisa y las hadas que con seguridad estaba ahí aunque nunca las pude ver, los gatos sentados bajo la banca abrigándose unos a otros y protegiéndose de la lluvia que se filtraba por la ramada de caña, Beatles resonando desde mi vieja habitación diez años atrás y desde lo altavoces en mi estudio ahora mismo. Ya sé lo que es. Después de mucho tiempo me siento en casa.

sábado, 24 de enero de 2009

#12

No puedo creer que haya olvidado escribir más temprano. Tampoco puedo creer que haya olvidado cenar. Supongo que tiene algo que ver con el haber pasado buena parte del día sacando más cosas de las que me tengo que deshacer cuando saque la basura más tarde. No deja de sorprenderme la cantidad de cosas que había guardado a lo largo de estos años, y la cantidad de recuerdos que esas cosas me traen. Encontré incluso una nota que en algún momento significó mucho y que ahora es sólo un trozo de papel sucio y con una esquina doblada. Las cosas cambian con el tiempo, algunas veces radicalmente. Es parte del hecho de ser humanos supongo, nuestra naturaleza es cambiante, aunque creamos que siempre somos los mismos. Es parte de nuestra magia.

Hablando de magia, recuero que hace poco una amiga se asustó cuando le dije que me llamaban la atención la magia y el ocultismo y que había leído algunas cosas al respecto. Se asustó tanto que tuve que prometerle que nunca haría nada raro. No estoy acostumbrado a esa clase de reacciones, y supongo que se debe a que la mayoría de personas con las que ha surgido el tema también han estado interesadas en saber más al respecto, siempre con una mezcla de curiosidad y respeto por lo desconocido.

Acabo de pedir comida porque me da flojera preparar algo, y mientras espero sigo leyendo estas viejas notas en las orillas de los cuadernos y me pregunto qué tanto habrán cambiado los demás en los años que han pasado ya. ¿Habrán descubierto su propia magia?

jueves, 15 de enero de 2009

#03

Siempre he sentido curiosidad por los libros de Aleister Crowley, de la misma forma en que me gusta leer a Nietzche. Descubrir otras formas de pensar ayuda a establecer una visión propia del mundo, una identidad.

Una de las cosas que propone Crowley con su Magick (así, con k) es que uno puede intervenir en la forma en que suceden las cosas a su alrededor, que uno puede producir un cambio intencional. En este sentido amplio, los actos de magia pueden ser tan sencillos como afeitarse, cocinar o encender una lámpara. Claro que para Crowley esos son actos de magia sencillos que damos por sentados y a los que no les prestamos mayor atención, pero hay otras posibilidades mayores a las que se puede acceder mediante la disciplina del Magick. Luego elabora su teoría de la magia y los once mundos que uno debe dominar para poder usar esta magia. Yo me quedo con el concepto básico de que la magia es un acto que pretende producir un cambio intencional. ¿Qué acaso no es parte de la naturaleza humana? Estamos tan habituados a las cosas que suceden a nuestro alrededor que hemos dejado de verlas con fascinación, ya no nos damos cuenta de la magia inherente a nuestra escencia, y al no darnos cuenta, dejamos de creer en nuestra propia magia.

Me considero un mago bajo los conceptos más amplios de Crowley y el Dragon Rouge, pues realizo actos que producen cambios y constantemente trato de aprender a producir más cambios, empezando conmigo mismo. Soy un mago, y este es mi hechizo.