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jueves, 30 de julio de 2009

#134

El tiempo pasa sin que haya forma de evitarlo. Algunas veces, sin embargo, el tiempo se detiene por un instante y lo vuelve eterno. Otras veces, recuerdos de diversos momentos se mezclan en una nebulosa en la que el pasado y el presente se vuelven uno, una espiral que me atrapa sin que pueda hacer nada.

La llovizna de una noche de invierno es de pronto un mediodía viendo el cielo azul bajo la sombra de un cerezo, me parece que era otoño entonces. El olor del pan recién salido del horno, las luces de los autos, una discusión a medias en una esquina. Fantasmas que empiezan a agitarse atraídos por la distorsión del tiempo en una noche de invierno que de pronto se convierte en aquel momento que debería ser lejano pero no lo es. Me detengo y aprieto las manos en los bolsillos, tratando de salir de este caos y volver a la relativa normalidad del presente. La calle es ahora cuatro años más joven y la observo desde la ventanilla de un bus, el sabor de un cigarrillo en mis labios después de una tarde en el cine viendo una película que no puedo recordar. Doy un paso y todo se desvanece. Al viento trae frías gotas de lluvia que me ayudan a volver. El aire huele a pan recién salido del horno. Las luces de los autos en la avenida tratan de alejar las sombras de una noche de invierno en Lima. Algunas veces el tiempo es sólo en una gran tontería.

domingo, 26 de julio de 2009

#133

Camino bajo la oscura sombra de los árboles en una noche de invierno con una ligera llovizna. Me gusta el silencio de esta calle. Me ayuda a despejarme antes de emprender el viaje de regreso a casa. Llego a la avenida, y es como volver de pronto a la realidad. El ruido. Las luces. La gente. Una silueta en la distancia. Una sombra que resulta familiar, aunque ha estado lejos de mi mundo por un buen tiempo. Aún no me ha visto. Podría cruzar la avenida, pero eso atraería su atención. Podría pasar de largo, fingir que no he notado su presencia. Ya es muy tarde. Sabe que estoy ahí, y sabe que la he visto. Me saluda mientras pasa a mi lado, y eso de alguna forma resulta reconfortante por un momento. Sigue su camino y yo sigo el mío. No puedo evitar la sensación de que esta sombra anuncia la presencia de un fantasma del que creí haberme deshecho hace un par de años. Al parecer algunos fantasmas simplemente se resisten a desaparecer. O será quizás que mis fantasmas nunca desaparecen del todo sino que pasan a un segundo plano mientras esperan una oportunidad para volver a aparecer. Después de todo, parte de su esencia está ligada a algunos de esos buenos momentos. Siento la llovizna en mi rostro. Observo a mi alrededor y enciendo un cigarrillo. El humo llena mis pulmones, se arremolina a mi alrededor y luego se desvanece agitado por una fría ráfaga de viento que me resulta reconfortante. Un pequeño hechizo para seguir cuerdo.

domingo, 5 de julio de 2009

So sick of this

La semana pasada los transportistas de Lima decidieron hacer un paro en protesta contra el nuevo reglamento de tránsito. Eso estaría bien si el reglamento fuera abusivo, pero este reglamento de tránsito tiene más sentido que el anterior. Entonces ¿por qué protestan los transportistas? No quieren pagar las nuevas multas. Ahí es donde la protesta deja de tener sentido lógico. Es como si los ladrones hicieran una protesta porque no quieren ir a la cárcel. La lógica indica que si quieres evitar una sanción, entonces debes cumplir con las leyes para que no te sancionen. Pero para estos sujetos, las multas no deben existir para que ellos puedan seguir pasando por encima de cuanta ley (y peatón) encuentran en su camino. Así de absurda es la situación, y seguirá siendo absurda sin importar qué tanto quieran disfrazarla los dirigentes. Por cierto, ¿esos dirigentes manejan algún bus? ¿O sólo se dedican a ser dirigentes igual que los del SUTEP?

Esta semana habrá un nuevo paro, y esta vez los transportistas estarán protestando junto a la CGTP (que, por cierto, hace tiempo dejó de ser un gremio de trabajadores y se ha convertido en la plataforma política de otro grupo de sujetos que viven sin trabajar), como si los daños que cada grupo ocasiona por cuenta propia no fueran suficientes. Ahora bien, uno de los gremios de transportistas ha dicho que ellos no van a parar, lo cual significa que habrá transporte, pero no significa que será seguro usar ese transporte, y mucho menos que vaya a ser suficiente para la cantidad de personas que necesitan usarlo. La gente deja de trabajar y pierde parte de sus sueldos, los transportistas dejan de percibir sus ingresos diarios, y al final perdemos todos, salvo los dirigentes que no tienen que ir a trabajar. Fascinante.

Para mí, todo esto significa que además del tiempo de trabajo que perdí la semana pasada, esta semana tendré que gastar más dinero para quedarme varios días en Lima para poder ir a trabajar y mi presupuesto del mes se irá al cuerno una vez más. Y después me preguntan por qué odio a los transportistas.

'Nuff said.

jueves, 4 de junio de 2009

#113

Una vez más camino bajo la ligera llovizna de la noche limeña, cuando siento que alguien me observa desde alguna parte del jardín a mi izquierda. Me detengo, giro la cabeza y puedo ver varios arbustos, algunas piedras grandes que supongo sirven de decoración para el grass, un árbol y algunas flores que crecen al lado de los escalones de la entrada de esta casa a la cual no había prestado mayor atención hasta ahora. Aún siento la mirada posada sobre mí, aunque no puedo ubicarla. No hay nadie en las ventanas ni en el pequeño balcón del segundo piso. Me paro de frente a la casa para ver mejor, y mientras la recorro con la mirada de un extremo a otro capto un ligero movimiento en el rabillo del ojo derecho. Me sobresalto. Las veces que esa clase de cosas han sucedido no han sido muy agradables. Mis músculos se tensan por instinto, aunque eso no sirva de mucho si las cosas van por el camino por el que fueron antes. Entonces escucho el maullido. Dirijo la mirada en dirección al origen del sonido casi sin pensarlo, acostumbrado a ubicar a mis gatos por sus maullidos durante años. Al lado de un arbusto, oculto por una sombra proyectada caprichosamente sobre el primer escalón de la entrada, un pequeño y regordete gato siamés me mira con curiosidad e inclina la cabeza hacia un lado. Me pregunto qué lo habrá llevado a maullar para llamar mi atención. Le sonrío y sigo mi camino recordando la época en que mis gatos me esperaban en la ventana de mi habitación al volver de clases.


miércoles, 3 de junio de 2009

#112

Camino entre la ligera lluvia de una noche de otoño que parece prometer un invierno bastante interesante este año, al menos para los que preferimos el frío. No es que me oponga al calor, es sólo que prefiero climas más bien fríos, de preferencia grises. Siempre he sentido que hay pocas cosas que se puedan comparar a la sensación que produce tomar una taza de café caliente mientras veo la lluvia al otro lado de la ventana, y mejor aún si es un sábado por la mañana después de una semana de trabajo. Es una imagen melancólica, pero para mí siempre ha sido la mejor forma de empezar un fin de semana. Nada mejor para estimular la creatividad. Ahora que lo pienso bien, la mayor parte de las cosas que he producido hasta ahora, sean dibujos, historias o aventuras de Dungeons & Dragons, las he producido durante los meses de otoño e invierno. Es como si la creatividad disminuyera mientras se acerca el verano.

Caminar entre la neblina o bajo una ligera llovizna en la noche, viendo las luces de la ciudad reflejándose en los pequeños charcos y distorsionándose en la humedad del ambiente me produce una sensación de bienestar que realmente no puedo encontrar en el verano (salvo en las noches en que hay neblina, o en medio de las infrecuentes garúas de verano). Me pierdo en mis pensamientos mientras meto las manos en los bolsillos y siento un par de gotas de lluvia escurrirse por el borde de la capucha y salpicar mi frente. Me siento bien.


martes, 5 de mayo de 2009

#101

Bajo del bus y me pongo la capucha sobre la cabeza para protegerme de las oleadas de frío que por momentos cruzan la noche como fantasmas. Nuevamente la sensación extraña de la ausencia de magia que en realidad es sólo la indicación de la magia remanente en esa esquina. Esta noche no hay neblina, pero eso no significa que vaya a ser una noche tranquila. Detrás de mi empieza a crecer la visión que en un instante me rodea, apenas una brisa para aquellos que pasan a mi lado. Las veo claramente. Líneas que se dibujan sobre la realidad para llevarme a esos días ahora perdidos para siempre junto con el olor de una noche de verano pasada la medianoche. Me acomodo la capucha y meto las manos en los bolsillos. Cierro los ojos y empiezo a caminar entre los recuerdos que se superponen a la realidad. Un gato me observa desde el callejón que comparte con un perro. Lo veo mover las orejas y pasear los ojos sobre mí y a mi alrededor, luego se echa sobre sus patas para cubrirse del frío. El puede verlo también, después de todo los gatos pueden ver cosas que los humanos no podemos. Sigo mi camino sin prestarle más atención. El olor de la comida llena mis pulmones pero no despeja, sino que extiende aún más la bruma sobrenatural de los recuerdos. No pensé que esta magia residual pudiera afectarme. No es la primera vez que me equivoco, y ya he pagado por esos errores. Por ahora necesito un cigarrillo.

lunes, 4 de mayo de 2009

#100

Esta noche camino en medio de una ligera neblina, pero no hay magia a mi alrededor. Al menos no es la misma magia que solía encontrar en noches como esta. Esta vez la energía arcana no me da la bienvenida, sino que parece más bien el eco de una risa burlona ante una herida abierta. Algo se agita en la niebla a mi lado. Una visión de tiempos pasados. Magia ahora convertida en un recuerdo que quedó atrapado para siempre en esta esquina. La Luna creciente me observa curiosa, oculta tras el velo de nubes. ¿Será eso una sonrisa o sólo la sombra de otro recuerdo que aún flota en el aire y se agita en la energía arcana de la neblina? Me invaden recuerdos impregnados del olor de una noche de verano pasada la medianoche. Busco en mis bolsillos un cigarrillo que pueda disipar ese olor, pero perdí mi última cajetilla el mismo día que perdí mi casaca favorita hace tres semanas. Estupideces que ahora regresan para hacer aún más incómoda una caminata que ya de por sí resulta incómoda por la somnolencia que he arrastrado todo el día. De pronto llega a mi mente una canción de The Pogues y sin darme cuenta empiezo a tararearla mientras meto las manos en los bolsillos y pienso que sólo falta el cuadro de narración para que esta noche parezca sacada de un cómic de Hellblazer. Al menos la canción no es Rainy Night In Soho. Tal vez sea hora de empezar a dormir un poco más.

jueves, 30 de abril de 2009

#96

Camino por las calles bañadas por las luces multicolores de una noche que recién empieza y que definitivamente será distinta a las otras porque hay un concierto y los ánimos están bastante altos a pesar del pánico que se desató durante el fin de semana por la nueva epidemia que amenaza con acabar con la humanidad. Otra vez la idea del fin del mundo. Como si no fuera suficiente con saber que en cualquier momento los coreanos pueden lanzar un misil nuclear que mandaría todo al cuerno. Como si no fuera suficiente saber que de todas formas, guerra nuclear o no, es muy probable que mis nietos no puedan vivir en este planeta porque lo hemos maltratado tanto que ya no es habitable más que para las cucarachas. Pero esta noche nada importa para los que ya han estado haciendo la cola desde la mañana, los que dentro de una hora gritarán hasta quedar afónicos, los que dentro de tres horas llenarán los bares para celebrar un concierto que muchos han esperado desde hace poco más de diez años. Para mí la espera será un poco más larga y la noche será más complicada, o al menos esa es la sensación que tengo. Mañana es feriado y puedo descansar, pero eso no significa que esta noche vaya a ser sencilla. El mundo a mi alrededor se llena de color y parece ajeno, parte de una historia distinta a la que no siempre le puedo seguir el paso. Tal vez sea mejor así.

miércoles, 29 de abril de 2009

#95

El cielo se abre oscuro y nublado, una noche sin viento ni estrellas, como si fuese la amenaza constante de una lluvia que nunca llega a desatarse. A mi alrededor la gente no parece notarlo. Quizás sea algo que sólo me afecta a mi, quizás algún evento reciente está produciendo este efecto sobre mi. Quizás sea sólo mi imaginación.

Sea como sea, no se ve una sola estrella en el cielo, pero la luna se deja ver entre las nubes, como si fuera un sonrisa en medio de la noche, con un leve halo alrededor que le da una cierta belleza espectral. La voz en el teléfono es dulce y trae calma y una siempre apreciada sensación de bienestar, pero desaparece muy pronto. Camino por las calles de una ciudad que aparece nueva ante mis ojos esta noche. Escucho las voces de dos nuevos amigos, y una parte de mi responde de forma casi involuntaria, mientras el resto de mi sigue recorriendo paso a paso cada uno de los diversos caminos a casa que he descubierto con el tiempo. En mi mente aparecen cada una de las hojas de cada árbol, las rajaduras de la vereda, los ladrillos de las paredes, las tejas de los techos, las líneas en el asfalto, las señales de tránsito, los postes de luz, la posición de la luna en cada una de esas noches. Me embarga de pronto una sensación de vacío y me doy cuenta de que debo haberme despedido de mis amigos hace varios minutos y que ahora estoy solo, de pie frente a un parque, esperando el bus. Esta será una noche extraña.

Pórtese bonito

Me quedé dormido en un micro perdido en medio del tráfico tóxico de la Avenida Wilson un martes por la noche. De pronto desperté cuando el vehículo se detuvo en una de las primeras cuadras de la Avenida Tacna, y escuché la voz de un policía de tránsito, una voz fuerte pero cansada, posiblemente llegando al final de un día pesado. Lo que sigue es un recuento más o menos exacto de lo que sucedió en esos memorables diez minutos.

-Buenas noches. Usted acaba de recoger pasajeros en zona prohibida. Sus documentos por favor.
-Pero jefe, si fue sólo una señora…
-Mire, prohibido es prohibido no importa si es una o tres. Sus documentos.
-Es que jefe, es la primera vez…
-Así fuera la quinta, igual es falta.
-Ya pues jefe…
El policía se quita los lentes, se frota los ojos y se vuelve a poner los lentes. Ahora sí se le nota el cansancio en la mirada. Definitivamente no es la primera vez que escucha esto, ni será la última vez que lo escuche mientras siga siendo policía.
-Señor, mi turno ya casi se termina y lo último que quiero es que usted me venga a complicar las cosas. Deme su brevete.
-Ya pues jefecito, si no es nada…
-Es una falta leve, deme su brevete para ponerle su multa de una vez y que usted se pueda ir a completar su ruta.
El chofer murmulla algo ininteligible. Ahora no puedo ver el rostro del policía, pero estoy seguro de que sus cejas empezaron a fruncirse.
-Si quiere decirme algo dígalo en voz alta, igual que yo le estoy hablando a usted, para que todos puedan escucharlo.
-Pero jefe, si no ha sido nada…
-Deje de repetir la misma cosa y deme sus papeles de una vez antes de que le ponga también la multa por esa intermitente que no funciona.
-Ya pues jefe… no tengo…
-¿No tiene brevete? Que bajen sus pasajeros y que su cobrador les devuelva el pasaje, yo voy a subir a la moto y usted me va a seguir hasta el depósito. ¿Me entiende?
Entonces, de improviso, sucedió algo que no pensé ver jamás en el Perú. El rostro del policía se puso rojo y su mirada cansada se convirtió en una expresión de furia inenarrable. Señaló al chofer con el índice enguantado de la mano derecha, los dientes apretados mientras su voz se dejaba escuchar hasta el otro lado de la avenida.
-¡Guarde esa plata que tiene en la mano! ¿O sea que no tiene brevete, me hace perder el tiempo y encima me quiere sobornar? Le voy a poner las tres multas que debí ponerle desde el principio, ¡y si no me sigue al depósito o si se demora le pongo orden de captura!

Juro que en ese momento me dieron ganas de darle la mano al policía, tomarme una foto con él y decirle que era un héroe. No me importó estar varado en la Avenida Tacna a las 8 de la noche, tampoco me importó tener que caminar una cuadra para poder tomar otro micro. Es que cosas así no se ven todos los días.

'Nuff said.

viernes, 24 de abril de 2009

#91

A medias despierto observo el tráfico a través de la ventana y las hileras de luces rojas parecen formar una procesión que no avanza. Cierro los ojos y abrazo mi mochila, con la extraña esperanza de que eso haga que el tráfico empiece a avanzar a una velocidad siquiera cercana a lo que debería ser normal, pero al parecer el único efecto que consigo es acelerar el paso del tiempo, pues al abrir los ojos han pasado cinco minutos en un instante y aún sigo en el mismo lugar. Normalmente el tráfico es lento, pero los viernes por la mañana se convierte en una hilera interminable de vehículos prácticamente estacionados en las calles, todos a la espera de una oportunidad para quitarle el lugar al vehículo de al lado y estacionarse un poco más adelante. Me inclino hacia la ventana para tratar de ver el principio de la fila, y todo lo que veo es que la procesión congelada en el tiempo y el espacio se extiende hasta el horizonte. Algunos metros más adelante, dos policías de tránsito toman café mientras recorren la hilera de vehículos con una mirada cuya expresión no parece de indiferencia sino de resignada frustración. Algunos minutos después la hilera de luces finalmente avanza una docena de metros para volver a detenerse. Ahora estoy casi frente a los policías que toman café. Parecen notar que los observo y por alguna razón me saludan con la cabeza. Les devuelvo el saludo y señalo el tráfico con una media sonrisa. Sonríen a medias y se encogen de hombros. Así es los viernes por la mañana pues, qué se le va a hacer.

jueves, 16 de abril de 2009

#84

La carretera es un mundo distinto cuando hay neblina. Los faros de los buses ven como antorchas difuminadas en medio de la noche brumosa. Estelas rojas como borrones pasan al lado de mi ventana mientras trato de adivinar a lo lejos el horizonte, las estrellas y la luna ahora menguante. Es como estar dentro de una nube, pero a la vez es distinto. Hay una cierta magia en recorrer una carretera cubierta por un banco de neblina, incluso cuando esa carretera está ubicada al borde de un abismo frente al mar. No puedo evitar la sensación de que entre la neblina puede aparecer de pronto la silueta de una pareja de hadas jugando y riendo en la oscuridad interrumpida por las luces de los camiones y los buses. O quizás algún fantasma perdido en busca del destino que no pudo cumplir en vida. Tengo la sensación de que incluso sería posible escuchar el canto de alguna sirena si uno presta atención en medio del rumor de las olas y el ronquido de los motores, o que de pronto la luna va a aparecer entre la niebla y su breve luz va a iluminar algún pequeño duende que trata de cruzar la carretera.

Tal vez sea sólo que estoy soñando despierto, o que desperté a medias mientras volvía a casa y me di cuenta que estábamos en medio de un banco de neblina y mi imaginación empezó a volar. Sea como sea, de todas formas, sentirse en un mundo distinto y mágico es una sensación agradable.

domingo, 4 de mayo de 2008

Atrapado en el tráfico

Observo a mi alrededor mientras se produce la anomalía temporal que he visto repetirse una y otra vez en las últimas semanas: Las agujas del reloj siguen avanzando a la misma velocidad, pero todo a mi alrededor parece moverse en cámara lenta. ¿Estaré siendo abducido? Trato de ver más adelante y entonces veo el origen de la anomalía, igual que las otras veces. La muralla inamovible de moles de metal atiborradas de pasajeros aburridos y cansados. El calor distorsiona las figuras a la distancia, como si algo intentase volver la corriente temporal a la normalidad. Mephisto observa por la ventana y registra también el fenómeno. Servirá luego como prueba de las distorsiones y paradojas temporales causadas por la destrucción rampante que azota las calles de Lima en estos días.

'Nuff Said.

sábado, 16 de febrero de 2008

Desorejados

Ayer por la tarde, mientras recorría la ruta al trabajo en un taxi, finalmente escuché el Umbrella de Rihanna, y llegué a la conclusión de que podría haber vivido tranquilo unos 90 años más sin haberlo escuchado. Es más, creo que al escucharlo le resté un par de años a mi expectativa de vida. Inmediatamente después pusieron una canción no determinada de una banda no identificable de pop en español con influencias de P.O.D., Deftones, Enanitos Verdes y La Ley, que a pesar de todo no estaba mal y era bastante más digerible que Rihanna y su Umbrella-ella-ella. Después de eso vino una de esas aberraciones que se acostumbra llamar reggaeton, y luego el comentario de la DJ diciendo algo así como "para la generación ecléctica", y eso me puso a pensar en el título de este posteo: ¿eclécticos o desorejados? Porque una cosa es escuchar brit pop, industrial, Mecano y hip-hop, y otra muy distinta es escuchar cualquier cosa que esté en el Top 40 sin importar qué cosa sea. Eso se llama ser posero. Si a eso le agregamos no tener el mínimo gusto y poner en el mismo saco una canción más o menos potable, otro reggaeton idéntico a los anteriores y el sonsonete de Umbrella-ella-ella, entonces se llama ser desorejado. ¿Generación ecléctica? No, Generación Desorejada.
¿Será que me estoy poniendo viejo y renegón? Tal vez, pero me dan buenas razones para eso.
'Nuff said.

domingo, 14 de octubre de 2007

Escenarios urbanos

Las imágenes mostradas abajo no son tomas de Pisco arrasada por el terremoto. No. Son tomas de una de las calles de Huaral arrasadas por la ola de remodelaciones que la municipalidad desató hace unas semanas, y que se supone van a estar listas para el aniversario del distrito el 31 de Octubre. Esperemos, porque las fotos las tomé el 26 de Setiembre, y hace dos noches vi que el área sigue prácticamente igual.
¿Han notado que a los alcaldes les da por hacer remodelaciones y demás cuando se acerca algún aniversario, o cuando se avecinan las elecciones? Y las remodelaciones siempre empiezan por destruir cuanto se cruza en el camino de los remodeladores, aunque no afecte para nada el proyecto de remodelación. Saludos afectuosos al imbécil que se hacía pasar por ingeniero y decidió romper el asfalto de mi calle usando una excavadora que terminó por romper no sólo el asfalto sino el tubo de agua de la cuadra. El dedo que estoy levantando mientras recuerdo la situación es el mismo que levantó todo el vecindario ese día. Como sea, el caso es que a los genios de la municipalidad no se les ocurrió nada mejor para esta nueva remodelación que asesinar a los árboles que habitaban la berma central de Benjamín Vizquerra, una de las vías más amplias de esta ciudad. Sí, habitaban. Sí, asesinar. Los árboles están vivos aunque muchos crean que no, y sienten, aunque muchos crean que no. Incluso diría que algunos árboles son más inteligentes que muchos de los que se atreven a considerarse seres pensantes y ocupar cargos públicos. Benjamín Vizquerra tiene una única cuadra de unos ciento cincuenta metros (tal vez más, tal vez menos), y una berma de unos cincuenta metros. En esa berma habitaron por años cuatro palo borrachos que daban una cantidad decente de sombra en verano y llenaban el piso de flores rosadas en primavera, además de las semillas que caían trazando espirales descendentes. En Wikipedia no lo mencionan, pero la savia del palo borracho es roja. Cuando pasé al lado de los árboles asesinados, aún estaban sangrando. Ahora los cadáveres han sido retirados y reemplazados por un grupo de palmeras que aún deben andarse preguntando qué hacen en medio de tanto cemento recién puesto. No tengo nada en contra de las palmeras, pero derribar tres árboles de casi 10 metros cada uno (que, por cierto, habían estado ahí desde antes que yo naciera... y posiblemente antes de que sus asesinos nacieran) para reemplazarlos por palmeras, es algo realmente estúpido. Al día siguiente alguno de los monos que se hacen pasar por planificadores urbanos aquí, dijo en la radio que las raíces de los palo borrachos estaba rompiendo el asfalto y la berma. Esa calle fue mi ruta obligatoria hacia el colegio durante los cinco años de inicial, seis de primaria y cinco de secundaria, y he seguido caminando por ahí al menos cinco días a la semana desde entonces porque es la ruta que tengo que seguir para llegar a la terminal y tomar el bus que me lleva a Lima. Veintidós años caminando por esa calle y nunca vi que las raíces de ninguno de esos inocentes rompiese el asfalto. Los sacaron de ahí por la misma razón por la que sacaron al menos cuatro árboles de la Plaza de Armas cuando la remodelaron. La misma razón por la que esa franja de concreto a la entrada/salida sur de la ciudad recibe/despide a los visitantes con una gigantesca fuente de frutas de cemento cubiertas con azulejos. La misma razón por la que en la Avenida Solar no pusieron algo que proyecte sombra sobre las bancas. ¿Cuál es esa razón? Simple: Las mentes poco desarrolladas creen que el progreso es llenar todo de cemento y poner un par de palmeras para alucinar que están en Miami (que tiene todo el derecho del mundo de tener palmeras porque está al lado del mar y las playas empiezan practicamente donde termina el asfalto de la carretera), o un par de esculturas genéricas para alucinar que están en algún lugar de Europa. Todo para embolsarse una buena cantidad sobrevaluando las bolsas de cemento y demás. Burócratas. Políticos. Cerdos.
'Nuff Said.






sábado, 15 de septiembre de 2007

Show me the money

Ya casi me había olvidado de esta foto que tomé el mes pasado.
Una de las maravillas de vivir en el Perú es que nunca sabes lo que puedes encontrar a la vuelta de la esquina... o en un billete de 20 soles.

sábado, 25 de agosto de 2007

Falling asleep

Escrito la noche del 22 de agosto.

Estoy sentado en el bus de regreso a casa y el sueño empieza a vencerme. Está lloviendo afuera. Creo que ha llovido sin parar desde ayer. Las calles están mojadas y hay algunos charcos bastante grandes. Cierro los ojos.
Abro los ojos y las cosas se ven borrosas a través de la ventana. ¿Serán fantasmas? La neblina difumina las luces de la ciudad. Las gotas de lluvia tienen colores extraños bajo las luces difuminadas. Cierro los ojos.
Abro los ojos y veo un borrón de colores pasar al lado de la ventana. Un bus, supongo. La radio salta de The Clash a Michael Bolton. Bizarro. Afuera sigue lloviendo. Cierro los ojos.
Abro los ojos. Imágenes borrosas en la ventana. Sombras de lugares conocidos. La silueta de la ciudad que me ha albergado los últimos veintiseis años. El bus se detiene. Me pongo los audífonos y bajo. Led Zeppelin inunda mis oidos. Fool in the Rain suena distinta cuando la escuchas mientras caminas rumbo a casa alrededor de la una de la mañana en medio de la lluvia.

'Nuff said.

martes, 7 de agosto de 2007

From the road 2

Hace unos días, mientras regresaba a casa tras otro día en la oficina, el bus en el que iba fue retenido por un momento para una revisión rutinaria de la policía de carreteras. Me pareció que era un buen momento para algunas tomas nocturnas del camino, y como no tenía a la mano mi cámara, tomé las fotos con mi celular.










Y las últimas dos fotos son del interior del bus, con todas las luces apagadas, salvo las que indican el número de asiento. La toma me recordaba a una mezcla entre Alien, Blade Runner y un poco de Pitch Black y Doom.


domingo, 1 de julio de 2007

From the road

Mi camino diario al trabajo es bastante largo y algo cansado, sobre todo teniendo en cuenta que debo hacer la mayor parte en un bus interprovincial, pero con el tiempo (llevo más de seis años haciendo ese viaje) me he acostumbrado y le he llegado a encontrar el gusto, sobre todo por las cosas que se pueden ver.
Siempre me ha gustado viajar por tierra, para poder apreciar los paisajes y ver más cosas. Es por eso que hice el viaje de siete horas en bus desde Manhattan hasta LakePlacid, New York, y también el de 23 horas desde Manhattan hasta Petoskey, Michigan. De lo único que me arrepiento en esos dos viajes es de no haber tenido entonces una cámara para poder fotografiar las cosas que vi.
Aquí viene la parte en que alguien dice "¡pero eso es distinto a hacer el mismo recorrido practicamente todos los días durante seis años!" Es distinto, es cierto, pero incluso recorriendo el mismo camino siempre hay cosas que pueden sorprender, como este par de tomas espectrales que logré hace unas semanas.


Eran más o menos las 11:20am, había llovido, estaba haciendo frío, y el ligero calor del interior del bus se condensaba en las ventanas. Como no tenía a la mano mi cámara, cogí el celular e hice la toma con la cámara integrada de mi Motorola V3. El lugar es el Peaje de Ancón, justo frente al lugar conocido como "La Base," un centro de instrucción de la Marina (la verdad es que en todo este tiempo nunca me he fijado en el nombre del lugar. Prometo hacerlo mañana y poner una actualización en esta entrada. Yendo hacia Lima, La Base viene a estar al lado derecho de la carretera, y como yo iba al lado izquierdo del bus, no puedo tomarle una foto... aunque imagino que hubiese sido una toma interesante.
'Nuff Said.

jueves, 28 de junio de 2007

In the streets of madness

Por lo general no tengo mayores problemas para llegar a mi trabajo, salvo la eventual revisión policial en la carretera o algún embotellamiento en un par de lugares ya conocidos, todo lo cual fue tomado en consideración cuando establecí la hora a la que salgo de casa y la hora en que entro a trabajar. Circunstancias excepcionales pueden ocasionar que llegue un par de minutos tarde, nada muy serio (a menos que ocurra dos días seguidos, como la semana pasada). Ayer, sin embargo, mi camino fue bloqueado por una imprevista, imprevisible e inefable manifestación. Llegué al trabajo lo suficientemente tarde como para animarme a escribir este posteo acerca de lo incoherente, absurdo, kafkiano, lovecraftiano, típicamente peruano de la situación.

Empieza la travesía
Salí de casa como siempre, de modo que no voy a entrar en detalles de algo que no es trascendental para esta narración. La verdadera travesía se inició cuando el bus quedó atrapado en un embotellamiento en la Av. Tacna. Tras un par de minutos observando la forma en que los demás buses empezaban a acumularse detrás de aquella cafetera en la que me encontraba, me di cuenta de que eso era mucho más que uno de los cuellos de botella estándar que uno atraviesa diariamente en nuestra caótica y gris Lima. La ausencia de tráfico al otro lado de la avenida era también una mala señal, y el chofer del bus empezaba a especular que podría tratarse de un accidente. Sinceramente, eso hubiera sido genial, porque un accidente (sea choque, atropello o lo que sea) representa una pequeña congestión que desaparece una vez superadas las inmediaciones de la escena del accidente. Tardamos alrededor de diez minutos en recorrer las dos cuadras que faltaban hasta Wilson (no importa cuánto se esfuercen en poner por todos lados que la avenida ahora se llama Garcilaso de la Vega, siempre será Wilson), y parecía que las cosas mejoraban a partir de ahí, con un tránsito más o menos fluido en ambas direcciones. Hasta llegar a Uruguay.

Desarrollos inesperados
A partir de ahí empezaba un nuevo embotellamiento que me obligó a bajar del bus y tomar un taxi con la esperanza de poder aprovechar una posible salida a la Vía Expresa... salida que estaba bloqueada por dos motocicletas de la policía de tránsito. Al borde de la desesperación, tomé el celular y llamé a la oficina para reportar mi situación.
- XYZ, buenas tardes.
- ¿Supervisora? Estoy atrapado en el tránsito en Wilson, parece que hay una manifestación o algo. Voy a llegar unos quince minutos tarde (nota mental: pobre iluso, BWAHAHAHAHA)
- Ya, pero... ¿no puedes llegar antes?
- Mmm... Como que no hay forma de salir de aquí. Estoy en un taxi, pero no creo que pueda llegar antes.
- Ya bueno, pero vuela.
- Ok.
En realidad si en ese momento me hubiera bajado del taxi y hubiese empezado a correr por la avenida hasta llegar a Arenales, podría haber llegado más temprano de lo que llegué al final.
Con la idea de avanzar hasta España y entrar al Zanjón, el taxi volvió a Wilson, sólo para quedar estancado en la esquina.



El taxista propuso doblar en España para salir a Salaverry y evitar todos los embotellamientos, pero el embotellamiento en España hacía imposible salir hacia cualquier calle que no fuera Alfonso Ugarte, donde otro taco de tránsito nos detuvo por varios minutos.


Cuando finalmente llegamos al extremo de Alfonso Ugarte, una ambulancia nos cerró el paso, pues al parecer había ahí otro problema distinto, pero que confabulaba para hacer intransitable toda el área.


Cóncavo y convexo a la vez
De pronto, como una suerte de aparición espectral, apareció un policía de tránsito, aunque había algo maligno en la forma en que hacía señales con las manos.
- Disculpe ¿por dónde...?
- Desvíese.
- Pero...
- Desvíese.
Lo dije: había algo maligno en la forma en que hacía señales con las manos. De pronto todo dejó de tener sentido, pues el taxista se vio obligado a doblar por una calle que creo que se llama Jorge Chávez, aunque no estoy seguro, pues los recuerdos y las fotos son borrosos.



De alguna forma (posiblemente siguiendo alguno de esos muros cuya concavidad termina siendo convexa, como en la ciudad perdida de R'lyeh, o quizás subiendo por alguna cuesta que en realidad desciende hasta los abismos más oscuros) el taxi apareció como por arte de magia en Jesús María, cruzando la Av. Brasil a una cuadra de las Galerías, y terminó de materializarse en la esquina del estudio de Frecuencia Latina en San Felipe.

Supongo que eso sustenta la teoría de los wormholes ocultos en las calles de Lima (y en la Vía de Evitamiento en horas punta). Después de un par de giros más por calles menos conocidas aún, el taxi salió a Javier Prado.




Creo que ni Sixto Paz y sus abducciones podrían explicar la forma en que recorrí Lima en un borrón pero de todas formas llegué 30 minutos tarde.

Explicación de la nueva categoría
El término "Americana" se utiliza para referirse a aquellas escenas o situaciones que son típicamente estadounidenses. Como dice George Harrison en el DVD de Traveling Wilburys:
(it) was like really Tom Petty and Bob (Dylan), I mean, Jeff (Lynne) and I were there too, but we were just sitting around in the kitchen, and for some reason, (the song Tweeter and the Monkey Man) is talking about all this stuff that still makes no sense to me, that Americana kinda stuff
De la misma forma, Peruviana sería un término para referirse a aquellas escenas o situaciones que son típicamente peruanas.
'Nuff Said.